P. Luis Alarcón Escárate
Párroco San José-La Merced de Curicó
Vicario Episcopal Curicó y Pastoral Social
Capellán CFT-IP Santo Tomás Curicó
Jesús dijo a sus discípulos: <<Muchos de los primeros serán los últimos, y muchos de los últimos serán los primeros, porque el Reino de los Cielos se parece a un propietario que salió muy de madrugada a contratar obreros para trabajar en su viña. Trató con ellos un denario por día y los envió a su viña. Volvió a salir a media mañana y, al ver a otros desocupados en la plaza, les dijo: “Vayan ustedes también a mi viña y les pagaré lo que sea justo”. Y ellos fueron. Volvió a salir al mediodía y la media tarde, e hizo lo mismo. Al caer la tarde salió de nuevo, y encontrando todavía a otros, les dijo: “¿Cómo se han quedado todo el día aquí, sin hacer nada?”. Ellos le respondieron: “Nadie nos ha contratado”. Entonces les dijo: “Vayan también ustedes a mi viña”. Al terminar el día, el propietario llamó a su mayordomo y le dijo: “Llama a los obreros y págales el jornal, comenzando por los últimos y terminando por los primeros”. Fueron entonces los que habían llegado al caer la tarde y recibieron cada uno un denario. Llegaron después los primeros, creyendo que iban a recibir algo más, pero recibieron igualmente un denario. Y al recibirlo, protestaban contra el propietario, diciendo: “Estos últimos trabajaron nada más que una hora, y tú les das lo mismo que a nosotros, que hemos soportado el peso del trabajo y el calor durante toda la jornada”. El propietario respondió a uno de ellos: “Amigo, no soy injusto contigo, ¿acaso no habíamos tratado en un denario? Toma lo que es tuyo y vete. Quiero dar a este que llega último lo mismo que a ti. ¿O no tengo derecho a disponer de mis bienes como me parece? ¿Por qué tomas a mal que yo sea bueno?”. Así, los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos” (Mateo 19, 30-20, 16).
La parábola de los jornaleros de la viña completa la enseñanza acerca de la recompensa que espera a los que dejan todo para seguir a Jesús. Recordemos que el joven rico, por el apego a sus riquezas, no pudo llegar al desprendimiento que emana del amor de Dios.
No obstante, esta es una parábola que está cargada de esperanza, ya que este “patrón”, o Jesús, sale a buscar jornaleros para su viña, es decir, con un trabajo digno quiere dar sentido a sus vidas. El amo, cada tres horas, busca a los obreros para enviarlos a su viña. Después de las tres de la tarde, ya no habría razón para salir de nuevo, porque, en aquel tiempo, la jornada laboral terminaba a las seis. Pero este amo quiere dar valor a la vida de cada persona y continúa con su búsqueda, porque Dios siempre cree en el hombre.
Surge entonces la pregunta: ¿Qué sentido tiene contratar trabajadores sólo para la última hora de la jornada laboral? ¿Qué sentido tiene ir a trabajar solo por una hora? Sin embargo, incluso cuando nos parece que podemos hacer poco en la vida, siempre vale la pena hacer algo por rescatarla. Siempre existe la posibilidad de encontrar un sentido, porque Dios ama nuestra vida. Así, la parábola de Jesús nos enseña que los pobres y pecadores son los invitados a trabajar a última hora y los fariseos son los jornaleros de la primera hora que se sienten con derecho a recibir el Reino, porque creen que se lo han ganado con sus obras buenas cumpliendo la ley.
Sin duda que Jesús es criticado por los fariseos porque los prefiere antes que a ellos. Pero lo que aún no entienden es que los vínculos del Reino no son por “pagar” un servicio, sino que son únicamente por “amor”, sin recibir nada a cambio. Debemos entender que el Reino de Dios se nos da “gratis”, porque simplemente ¡Dios es bueno y su amor es un don gratuito! (P. Fredy Peña T. “La liturgia cotidiana).
Vigésimo quinto domingo del año, 20 de septiembre 2026.