P Luis Alarcón Escárate
Párroco San José-La Merced de Curicó
Vicario Episcopal Curicó y Pastoral Social
Capellán CFT-IP Santo Tomás Curicó
Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: <<¿Qué les parece? Un hombre tenía dos hijos y, dirigiéndose al primero, le dijo: “Hijo, quiero que hoy vayas a trabajar a mi viña”. Él respondió: “No quiero”. Pero después se arrepintió y fue. Dirigiéndose al segundo, le dijo lo mismo y éste le respondió: “Voy, Señor”, pero no fue. ¿Cuál de los dos cumplió la voluntad de su padre?>>. <<El primero>>, le respondieron. Jesús les dijo: <<Les aseguro que los publicanos y las prostitutas llegan antes que ustedes al Reino de Dios. En efecto, Juan vino a ustedes por el camino de la justicia y no creyeron en él; en cambio, los publicanos y las prostitutas creyeron en él. Pero ustedes, ni siquiera al ver este ejemplo se han arrepentido ni han creído en él>> (Mateo 21, 28-32).
Estamos celebrando este domingo de Oración por Chile, en el cual recordamos la presencia protectora de María del Carmen en nuestra historia patria.
“Con la parábola de los dos hijos, Jesús pone en evidencia que lo importante, en su seguimiento, no son las apariencias externas, sino el interior de la persona; puesto que el que honra a Dios no es el que observa el rito externo, sino el que hace su voluntad. En los tiempos de Jesús, la cuestión del legalismo solía poner “el deber ser” o la “ortodoxia” como uno de sus pilares. Es decir, se había creado toda una mentalidad basada en las apariencias -situación que en nuestros días no ha cambiado mucho-, pero Jesús sabía que, para Dios, que conoce el corazón del hombre, el “hijo verdadero” era aquél que hizo la voluntad de su Padre y practicó la justicia.
En el contexto, Jesús se vale de esta parábola para proferir palabras muy duras a los sumos sacerdotes y jefes del pueblo: “Les aseguro que los publicanos y las prostitutas llegan antes que ustedes al Reino de Dios”. Sin duda, palabras fuertes de Jesús pues para él los pecadores y las prostitutas son como el primer hijo de la parábola. También para nosotros nos resultarían pesadas sus palabras si nos comparara con funcionarios corruptos o prostitutas.
El Señor, que está libre de prejuicios, pudo acercarse a su gente dispuesto a descubrir lo que había de bueno en sus corazones. Y encontró la apertura a algo nuevo y el dinamismo que hizo posible el “cambio”, como en el “no” del hijo que se rebela, pero que después termina haciendo lo que el Padre le pide. De este modo, Jesús amonesta y advierte a todo creyente, quizás ya acostumbrados a un modo de relación con Dios, pero que casi inconscientemente se quedan en la pereza de quien no quiere madurar y crecer en la caridad. El hombre siempre está tentado a sentirse libre solo si es autónomo y opone su propia autonomía contra la heteronomía de seguir la voluntad de Dios. Este es el drama de la humanidad, porque entrar en la voluntad de Dios no es una oposición a uno mismo, sino vivir en la verdad y en lo que implica hacer el bien” (P. Fredy Peña T., SSP. La liturgia cotidiana).
Vigésimo sexto domingo del año, 27 de septiembre 2026